Mi suegra Elvira: Pepi la frutera

mi suegra elviraElvira y Piluca se encuentran poco antes de las diez de la mañana.
-Me gustó mucho la película de ayer.
-A mi también.
-¿A dónde vas tan temprano? –Pregunta Piluca.
-Voy a la frutería.
-¿Tan temprano?
-Voy a esta hora, porque las viejas son poco de ponerse los guantes de plástico, y a media mañana está toda la fruta toqueteada, llena de bacterias, microbios y virus.
-Si, eso es cierto, las viejas son todas muy a lo suyo. Espera que te acompañe.
Pepi, la frutera de mi suegra Elvira, es una linda muchacha con menos luces que la furgoneta de un gitano.
-Señora Elvira son 6 euros con 66 céntimos –Se santigua– Ay Dios mío… El número del demonio.
-¿Te da miedo el demonio, Pepi?  –Pregunta Elvira sacando el monedero.
-Si, porque yo de pequeña vi la película de un niño muy malo al que le levantaban el pelo por detrás y tenía el número 666 marcado en la nuca, porque era el hijo secreto de Satanás.
-Ay, por favor.
-Pero lo peor no fue eso, señora Elvira. Un día trabajando en la frutería descubrí la cara del demonio en una banana.
-¿En una banana. Y que hiciste?
-La pesé la pagué y me la comí para que mi jefe no se enterara, porque tuve miedo que fuese a cerrar la frutería. Preferí recibir al diablo en el interior de mi barriga e incluso quedarme preñada de él, a estar en el paro.
-Vaya, pobrecilla –Responde Elvira recogiendo el cambio- Que mal lo debiste pasar.
-Señora Elvira, a usted le doy pena porque es muy buena  persona y tiene un corazón tan grande que no le coge entre los pechos.
-Yo lo que soy es muy sencilla, y la sencillez es muy hermosa en una mujer –Responde mi suegra recogiendo las bolsas.
Elvira y su amiga Piluca se despiden cariñosas de Pepi, y abandonan la frutería.
-Esta chiquilla es una infeliz, pero no tiene personalidad –Comenta Elvira- Es más simple que el asa de un cubo.
-Se quedó sin madre muy joven y no la alimentaron como era debido, por eso tiene el cerebro encogido.
-Me dijeron que hace dos años fue a un concierto de Bustamante y a la mañana siguiente la encontraron tirada entre unos matojos, borracha y embarazada.
-Una pena… pobrecilla. Elvira ¿Te arreglaste con tu hija?
-Bueno, ahí estamos… Pero me sentó muy mal que me colgara el teléfono.
-Pensé que habías sido tú quien le había colgado –Comenta Piluca.
-No, por Dios, entendiste mal. Mi hija quiere que me convierta en una dulce ancianita que se ocupa de sus nietos y hornea para ellos, deliciosos bizcochos.
-Los hijos son fríos como la sota de espadas. Fríos y calculadores, Elvira.
-El otro día cuando fui a casa de Marichu, me quedé un momentito colocándome las medias y al inclinarme se me pegó la oreja a la puerta, y sin querer evitarlo, pude escuchar que me estaban criticando.
-¡Pero que me dices!
-Mi hija Charo decía: Mamá siempre fue una mujer prepotente, orgullosa y profundamente complicada: Una yonki de la vida, Marichu.
-¿Te llamó yanki? Pero si tú jamás has vivido en América.
-Me llamó yonkiiiiiiiii…  O lo que es lo mismo: Drogadicta total, Piluca.
-¡Santo Cristo del amor hermoso! –Se persigna Piluca.
-Tú  sabes, Piluca, que yo soy una mujer discreta y humilde, nada follonera, que antepongo las necesidades de los demás a las mías propias. Alejada de los vicios, las críticas, y los malos pensamientos; volcada en el bienestar de mi familia y vinculada a obras de caridad y buenas acciones.
A Piluca le dio un ataque de tos, que la salvó de una comprometida respuesta. Después hábilmente dio un giro a la conversación.
-Elvira tengo mucha curiosidad, y quería preguntarte desde hace varios días ¿Cómo conociste a ese tal Camilo?
-Ah, si, te voy a contar… -Responde mi suegra feliz, cogiéndose al brazo de su amiga Piluca– Fue por chat, con el ordenador que me regaló mi yerno Roberto.
-No sabía.
-El aparato solito se metió, sin que yo tocase nada, en una página que se llama tíoscachas.com.  Allí se anuncian hombres, que buscan conocer mujeres de todas las edades para compartir sentimientos.
-¿Sentimientos?
-Si.
-Ah.
-Fue muy romántico mi encuentro con Camilo –Continúa Elvira– Me dijo que está recién jubilado; al parecer trabajó como piloto en un aeropuerto… O como camarero en la pizzería del  aeropuerto. No le entendí muy bien.
-Anda, fíjate.
-Es un hombre muy apuesto, antes de conocernos ya me dijo por teléfono que tenía unos ricitos como David Bisbal pero en canoso.
-Si que debe ser guapo, si… –Confirma Piluca.
Elvira deja las bolsas en el suelo y saca la llave para abrir el portal y  sin dejar de mirar a su amiga le dice:
-Resultó muy hermoso darnos cuenta, que iba surgiendo el amor…  Porque sin haber escuchado nuestra voz y sin habernos visto jamás, de pronto participamos de lo más importante, que es la esencia del alma… Descubriendo lo que de verdad atrapa y convence. El fluido final de ese fundamento que se transfiere, más allá de la duda de una mirada, un gesto o una señal.
-Elvira, a veces escucharte me deja parva total.

Texto e  Imagen:  Miguel A. Méndez González

9 comentarios sobre “Mi suegra Elvira: Pepi la frutera

  • el 19 de septiembre, 2015 a las 10:47
    Permalink

    El relato de hoy es más extenso que el de otras veces, me han gustado los giros en la historia. Siempre me saca una sonrisa, ya esperamos la próxima.

    Isa.

  • el 19 de septiembre, 2015 a las 11:33
    Permalink

    Mi madre tampoco se daba cuenta que se hacía mayor, y llamaba a las otras señoras de su edad, LAS VIEJAS ESAS. Me hizo recordarlo.
    Muy divertida y bien escrita.

    Esther.

  • el 19 de septiembre, 2015 a las 17:38
    Permalink

    Es muy divertida esta suegraa, me ha gustado leerla.

    Bea.

  • el 19 de septiembre, 2015 a las 22:30
    Permalink

    Cuanto me rio con las historias de la Elviriña, esta mujer es muy divertida y tiene mucho caracter. Ya la echaba de menos.

    Estela.

  • el 20 de septiembre, 2015 a las 20:45
    Permalink

    Me ha gustado mucho porque es divertida y engancha al lector.
    Siga así
    Atentamente
    Guadalupe Aguielera.

  • el 20 de septiembre, 2015 a las 22:09
    Permalink

    La descripción “yo soy” es genial. Es una santa esta mujer.
    Muy bueno, Miguel, no pierdas el buen humor.

  • el 22 de septiembre, 2015 a las 10:48
    Permalink

    Cada día encuentro mas creativa, entretenida y con un sentido del humor que me gusta mucho.

    Felicidades y un cordial saludo.

  • el 23 de septiembre, 2015 a las 12:01
    Permalink

    Miguel, siempre leo las historias de esta maravillosa Elvira. En ocasiones siento pereza para enviar un mensaje, pero creo que tu labor creativa merece reconocimiento. Tengo una curiosidad ¿Cuanto tiempo empleas en crear, o componer cada uno de los episodios de la suegra Elvira?

    Atentamente. R.

    • el 23 de septiembre, 2015 a las 22:03
      Permalink

      Gracias a todos, sois muy generosos en vuestros comentarios.
      Raquel, cada uno de los mini capítulos de Mi Suegra Elvira, me lleva unas tres horas entre estructurarlo, darle cuerpo y escribirlo. Tengo la intención de sacar un libro.

      Miguel.

Comentarios cerrados.