De maestros a profesores

 

De maestros a profesores

Durante mis años de infancia viví, entre otros lugares, en un pequeño pueblo segoviano.  Mi padre era lo que entonces se llamaba, un maestro de escuela, y cada poco tiempo cambiábamos de destino en busca de alguna mejora, que en ocasiones no llegaba…
Mis recuerdos de clase me llevan hasta aquellas escuelas unitarias donde se apilaban niños de distintos grados y se aprendía a escribir y redactar sin faltas de ortografía. También sabíamos donde se encontraba Cuenca en el mapa, y que el Ebro pasaba por Zaragoza y desembocaba en el Mediterráneo.  Todo eso y mucho más nos lo enseñaban los maestros y las maestras de mi época; también aprendíamos a mantener el orden,  y respetar a quienes nos hacían partícipes de su saber. El maestro siempre era justo, jamás justiciero, y eso lo conocían todos los padres, e incluso nosotros los alumnos.
En aquellos tiempos no nos enseñaban que había que respetar al maestro, porque era algo que venía implícito en una sociedad donde el respeto y la educación eran un bien en alza.
Durante aquellos años yo jugaba con piedras y palos en la plazuela de tierra que se encontraba frente a mi casa.  Yo era el hijo de un maestro, y entonces según el dicho: Nadie pasaba más hambre que un maestro de escuela. Pero también jugaban a mi lado con idénticos palos y otras piedras, algunos chiquillos cuyos padres tenían una posición mucho más desahogada.
La semana pasada escuché a unos niños decirle a su abuela que se aburrían… Habían llevado al parque, dos bicicletas, un balón, dos palas con un cubo, y hasta una tablet y un  par de huevos de esos que abres y aparece una sorpresa.
-Tienen más juguetes que deseos –Dijo mi padre al escucharlos…
A veces pienso como ha cambiado todo, y entonces recuerdo a mi abuelo cuando decía eso mismo, mientras me contemplaba jugando.
Las mejoras en la enseñanza son evidentes. En estos momentos las asociaciones de padres de alumnos, tienen un peso específico en los colegios. Los ahora llamados “profesores” cuentan con la opinión de todos para diseñar programas donde se fijen unas metas y objetivos comunes para la integración y el desarrollo armónico del alumnado. Se programan excursiones para que los más pequeños conozcan a los pollos y las gallinas en su ahora hábitat natural: Las granjas. Si, las granjas… no los corrales.  Se diseñan actividades extra escolares complementarias,  para un desenvolvimiento coordinado y específico de cada niño.
También a diario observo que los alumnos más mayores, pueden atropellar a su profesor, e incluso insultarlo, sin mayores consecuencias. Pero un profesor tiene grandes dificultades para mantener el orden en una clase, y en ocasiones, debe anteponer prioridades de disciplina al aprendizaje.  Las consecuencias son muy simples:
En los últimos años somos incapaces de situar en un mapa Ciudad Real, el vocabulario y la ortografía ha desaparecido por las abreviaturas de los WhatsApp; pero aún no escribiendo con el móvil he podido ver unos OJOS con H, y el Guadalquivir desembocando en el Océano Pacífico.
Yo creo que es culpa de los profesores. El año pasado pude escuchar como una madre llamaba subnormal al director del colegio delante de sus hijos, sin que hubiese consecuencias.  Creo que esa madre en el fondo tenía razón, pero no es el director culpable.  Es nuestra sociedad la que se está convirtiendo en  subnormal.
Dedicado a mi padre Virgilio, y también a Mary Ángeles, pues ambos desarrollaron su carrera laboral como maestros. Recordar que los  alumnos de mi generación jamás hablaremos de ellos como  profesores.  Pues forman parte del último eslabón de la postrema generación de aquellos grandes maestros.

Texto e Imagen:  Miguel A. Méndez González

8 comentarios sobre “De maestros a profesores

  • el 12 de septiembre, 2015 a las 10:22
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    Impresionante testimonio sobre una realidad que en ocasiones sobrepasa y de la que no somos muy conscientes.

    Un abrazo, esta vez a tu padre, Miguel, por la gran labor que probablemente realizó como docente, durante esos años tan difíciles.

  • el 12 de septiembre, 2015 a las 10:44
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    Hace unos años, cuando mis hijos eran pequeños, participé de las asociaciones de padres de alumnos, y mis experiencias fueron lamentables. Este pequeño escrito me lo hizo recordar, y no quiero dejar pasar la ocasión para felicitar a Miguel por lo que aquí expone con sensibilidad y certeza.

    Con afecto: E.

  • el 12 de septiembre, 2015 a las 19:46
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    Los viejos profesores, mas que maestros sabios. Cuanto echo de menos sus enseñanzas. Me ha gustado recordar esos tiempos tan diferentes.

    Saludos.

  • el 12 de septiembre, 2015 a las 22:08
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    Quiero decirte, Miguel, que en mi título pone Maestra de Primera Enseñanza. Y es el nombre que me gustó siempre y así lo digo: Soy Maestra.
    Fue mi vocación. Cuando iba a la aldea observaba que , los niños con los que jugaba, sabían menos que yo; me parecía injusto. Yo quería ser maestra de aldea y así fue. Fueron los años más felices de mi profesión.
    Gracias, Miguel, por tu sensibilidad y tu reconocimiento hacia los maestros y maestras.

  • el 13 de septiembre, 2015 a las 19:49
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    Me gusta como lo cuentas todo, pero lo que más me gusta es Mi suegra Elvira.

    Un saludo.

  • el 13 de septiembre, 2015 a las 22:33
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    Hola Miguel, le felicito una vez más por sus relatos donde expone con claridad hechos que lamentablemente suceden a diario y que la sociedad no quiere ver.Creo que la escuela es para aprender pero el respeto hacia los demás debería enseñarse en casa. Debemos enseñar a nuestros hijos la diferencia que hay entre libertad y libertinaje.Hay quien dice que ya no se puede enseñar a los hijos porque no le puedes dar una bofetada cuando la merece por miedo a que te denuncien. Si para enseñar a un niño debemos usar la violencia mal va la cosa.Mis padres nunca me pegaron, con solo una mirada era suficiente para que yo entendiera lo que estaba bien y lo que estaba mal y yo por nada del mundo los quería ver disgustados. Es una pena que todos los días salgan noticias en los periódicos donde los padres e hijos se pegan y matan mutuamente “que triste” pero así nos va.
    Enhorabuena
    Atentamente
    Guadalupe Aguilera.

  • el 15 de septiembre, 2015 a las 8:17
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    Gracias a todos los que me dejan siempre un comentario cargado de afecto. También a quienes leen lo que escribo, aunque no quede constancia.

    Mi gratitud y reconocimiento.

    Miguel

  • el 23 de septiembre, 2015 a las 12:03
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    Reconocimiento a los maestros que ahora son profesores. Todos guardamos en la memoria la imagen de nuestros viejos maestros.

    R.

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