El guiso de mi abuela Rosa

Abuela
Mi abuela Rosa asaba una suculenta carne preparada según antiquísima receta, perdida hace tantos años, que nadie recuerda ya su origen.
Habiendo atravesado nuestra familia de madres a hijas, era ofrecida como plato principal tanto en celebraciones, como importantes fiestas.  Consistía en una receta cuajada de saberes y sabores, arrastrada de otros tiempos; muy sencilla y acomodada a sus escasos ingredientes. Habiendo peregrinando desde una  época donde los pucheros se cocinaban con lumbre, de manera lenta y con una especia que hoy pellizcamos poco: El Amor .
La carne asada de mi abuela Rosa resultaba sustanciosa, con esa textura fundente que embelesa, embriagando el paladar. Se hacía acompañar por pequeñas patatas, que entregaban sus deliciosas fragancias arrebatadas a la carne, al ser cocinadas en sus propios jugos.
El último año, la salud de mi abuela se hizo frágil, no pudiendo confeccionar su afamada receta. Alguien ofreció sus manos para que fuesen dirigidas, en el sencillo y a la vez complejo, proceso de elaboración.
-Corta la carne de este tamaño –Indicaba mi abuela- Déjala dorar hasta que  caramelicen los jugos, ellos mismos servirán de base…
De manera precisa,  pero con voz cansada, fue guiando la receta, como si ella cocinase.
-Agrégale esto –Decía- Dale mas vueltas… Ahora déjala que repose, tapándola;  pero no la asfixies.
Un toque de aquí, otro de allá, un chorrito de aguardiente, y dos vueltas más. El fuego lento y el calor intenso. Y la vieja cocina de leña, agregando fragancias de viejo roble.
Una tras otra, fueron transcurriendo las horas del proceso, hasta que dio por finalizada su preparación. La cocina y la casa se ofrecían ahora, embriagadas por los aromas y matices del sazonado plato. Aquella carne presentaba el curioso aspecto de siempre, idéntico al que mi abuela Rosa le dispensaba con sus propias manos.
Cuando al fin nos sentamos a la mesa dispuestos a disfrutar del delicioso manjar, todos nos dimos cuenta que aquella que se nos ofrecía, no era la carne asada de mi abuela Rosa.
-¿Por qué no salió igual, si ella misma dirigió los pasos que habían de darse?
-¿Por qué no tiene la misma sustancia, si cada uno de los ingredientes han sido medidos y pesados por ella?
-¿Por qué…?
-¿Por qué…?
Tal vez porque faltase el único ingrediente que no se había agregado; el utensilio último e irreemplazable: Las propias manos de mi abuela Rosa, trasladando la esencia final que comunica a la cocina, el mágico arte de un hechizo.

Texto e  Imagen:  Miguel A. Méndez González

Autor “El aliento de Cristal”

alientodecristal@gmail.com

9 comentarios sobre “El guiso de mi abuela Rosa

  • el 8 de agosto, 2015 a las 9:10
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    mi abuela tambien se llamaba Rosa y guisaba igual que la tuya las abuelas tienen algo en sus manos creo que como tu dices es el amor que ponen, o ponían.

    Saludos

  • el 8 de agosto, 2015 a las 11:30
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    Que maravillosas comidas las de las abuelas y que bonitos recuerdos. Un precioso homenaje a tu abuela.

    Felicidades

  • el 8 de agosto, 2015 a las 11:47
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    me gustan sus relatos, como cuenta las historias y haciendo que pongamos imágenes a sus letras. Hermosa la receta de su abuela Rosa. ¿Es la foto de ella?

    Atentamente.

  • el 8 de agosto, 2015 a las 19:26
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    Que buenas estaban las comidas de las abuelas. Ahora nadie cocina como ellas. No olvides a la suegra.

    Saludos.

  • el 9 de agosto, 2015 a las 17:56
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    No eran las tarteras, ni los ingredientes, eran sus manos y como bien dices su amor lo que hacía diferente esa carne asada. Muy bonito.

    Isa.

  • el 9 de agosto, 2015 a las 18:03
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    Un relato que nos lleva hasta esa cocina, donde todos ayudamos a preparar el guiso, y todos lo disfrutamos mientras leemos lo que nos cuentass.

    Un saludo afectuoso.

  • el 9 de agosto, 2015 a las 22:28
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    Cada persona es única, su esencia, su talento, su bien hacer, sus vivencias y su experiencia al cocinar jamás nadie las podrá igualar, pero gracias a sus consejos la receta de la abuela ira pasando de generación en generación y siempre estará con nosotros.
    Me ha gustado mucho
    Atentamente
    Guadalupe Aguilera

  • el 10 de agosto, 2015 a las 23:58
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    Te entiendo perfectamente, Miguel porque en mi casa pasa lo mismo. Mis hijos recuerdan las empanadillas y las albóndigas que hacía mi madre y, no consigo complacerlos. Aprendí con ella pero no tengo su magia.
    Es un relato enternecedor, muy bonito.

  • el 11 de agosto, 2015 a las 9:05
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    Gracias por vuestros comentarios.
    Si, Susi es la foto de mi abuela Rosa, la que conservó la receta de la carne asada. Murió ya muy mayor hace 12 años, en el 2015 hubiera cumplido 106.

    Gracias también por el apoyo que recibo en el blog.

    Miguel

Comentarios cerrados.