La asistenta de mi suegra Elvira

Elvira

Suena el teléfono. Charo ve el número de su madre y responde  armada de paciencia:
-Hola mamá.
-Charo tengo que cambiar de criada. Chelito me roba. Se ha llevado dos kilos de  naranjas, la tartera grande del cocido, llena de detergente del bueno, y cuatro yogures de esos que anuncian por la tele, para los huesos de las viejas.
-Pero mamá, no puedes cambiar de chica constantemente… En estos dos años has tenido siete asistentas.
-Yo no tengo asistentas, los asistentes son para los ministros, las mías son criadas… las chachas de toda la vida.
-Ahora les llaman asistentas.
-Pues tengo que cambiar mi criada asistenta porque no estoy dispuesta a ser robada y envenenada.
-¡Pero que dices!
-¡¡Envenenada!! Desde hace dos días tengo una diarrea que no salgo del cuarto de baño.
-Pero si tú misma dijiste que estás tomando infusiones para adelgazar y que solo te hacen ca…
-Calla coño… Tú que sabrás de mi organismo.
-Sé, lo que tú me cuentas.
-Chelito me hace conjuros malignos para destruirme por dentro porque es una cleptómana, una robadora y una desgraciada.
-Mamá…
-Me faltan los pendientes de oro blanco, la sortija de trocitos de diamantes y…
-Pero si lo empeñaste todo para irte de vacaciones a Torremolinos con Camilo, ese señor que conociste el verano pasado; el que tenía una pensión muy pequeña y escribía poesía.
-No sé que intentas decirme… -Responde Elvira a la defensiva.
¿No te acuerdas? Aquel que hablaba de tus hermosos ojos de Sultana mora.
-Este  “Esmartarafone” que me regalo tu marido hace mucho ruido y no te entiendo…
-¿Quieres que hable más alto? –Pregunta Charo.
-Chelito me lava los tangas y las fajas en la lavadora.
-Que importa eso.
-Mira, no quería decírtelo, pero lo voy ha hacer…
Elvira, mi querida suegra, hizo una pausa dramática, como veía a diario en las telenovelas venezolanas, a las que tan aficionada era:
-Chelito, mi criada asistenta del hogar, habla de mí y de vosotras por detrás. El otro día me dijo Milagros, que Roberto, el marido de tu hermana, bebe… ¿Y como lo supo ella?
-Porque tú se lo contaste en el cumpleaños de Piluca.
-¿Yo? Ay por favor… Mira no quiero seguir hablando que tengo la lengua muy cansada.
-Bueno pues descánsala.
-Charo…
-Dime mamá.
-Tú no me crees… Lo sé.
-Mamá…
-Me falta otra alhaja…
-¿Cual?
-El collar de las perlas falsas cultivadas.
-¿Aquellas que llevaste a la casa de empeño y no las quisieron?
-Si.
-Mamá…
-Que sí, coño, que han desaparecido.
-Pero ¿No te acuerdas que las devolviste a la tienda de chinos donde las compraste?
-Pues mira, ahora que lo dices… Si, es cierto. Las cambié por dos paraguas, un costurero  y un perfume de esos de marcas malas que imitan a las buenas y te levanta dolor de cabeza a los diez minutos. Por cierto. Me dijo Piluca que ella se lo echó y se le irritaron los pechos, cuando se lo regalé por su cumpleaños.

El-libro-150x150 el aliento de cristalTexto e  Imagen:  Miguel A. Méndez González

Autor: “El aliento de Cristal”

alientodecristal@gmail.com

8 comentarios sobre “La asistenta de mi suegra Elvira

  • el 20 de junio, 2015 a las 8:33
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    Cuanto tiempo sin leer las aventuras de la suegra, tiene muy buenos detalles.
    Me rio con ella.

  • el 20 de junio, 2015 a las 13:59
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    Un descubrimiento esa suegra.
    Felicidades.

  • el 20 de junio, 2015 a las 16:42
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    Cuanto me río con Elvira, un buen relato de humor.
    Un saludo.

  • el 20 de junio, 2015 a las 17:52
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    Con este calor unas risas vienen bien. Esa señora Elvira está perdiendo la memoria.

    Estela.

  • el 20 de junio, 2015 a las 22:54
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    ¿Qué más le queda por experimentar a esta suegra? No me extraña que no recuerde los detalles de las compras con tanto trapicheo. Gracias por tu buen humor.

  • el 22 de junio, 2015 a las 13:36
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    Me ha gustado mucho leer este relato porque aunque haya personas que piensen que esto no ocurre en la realidad “quiero decirles que sí que pasa”.
    El otro día me encontré con una conocida de gimnasia que me comentó que había denunciado a la chica que le hacía la limpieza de su casa porque le había robado unos pendientes de oro con piedras verdes.A los pocos días me entero por su cuñada que se dedica a la compra venta de oro que esos pendientes se los había vendido a ella porque quería comprarse otros más modernos.
    Compadezco a estas trabajadoras de la limpieza cuando dan con gente como esta.
    Enhorabuena
    Atentamente
    Guadalupe Aguilera.

    • el 22 de junio, 2015 a las 15:47
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      Efectivamente Guadalupe, aunque son relatos encaminados a producir una sonrisa, algunos de ellos contienen verdades cotidianas.

      Animo a quien desee enviarme experiencias propias, y si encuentro en ellas interés para publicar, trataré de generar un relato, citando a quien las envíe. alientodecristal@gmail.com

      Un saludo a todos los que me leeís, y mi reconocimiento a todos los que dejan sus comentarios.
      MUCHAS GRACIAS.

  • el 23 de junio, 2015 a las 11:41
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    Eres un mago del humor. Me encantan los relatos que envías a la revista.
    R.

Comentarios cerrados.