“La Mala”

La MalaA la Mala de hoy día le gustan las fiestas, la falda cinturón y la crema de whisky… Tiene una máxima en la vida: Si no quieres ayudar… molesta, lo importante es participar.
La Mala ha heredado todas las maravillosas características de su progenitora: Ambición, envidia, codicia, incluso sed de poder. Lo peor de la Mala es su aviesa mirada desde el instante que le eres presentado; te contemplará en silencio, para localizar, la cicatriz en la  mejilla, la mancha en el suéter, o incluso los restos de tu acné de juventud.
Nuestra Mala, al igual que las aves carroñeras buscan cadáveres de animales para su alimento, ella te observará aguardando el momento de atacar.
Y yo me pregunto: ¿Quien no es poseedor de algo reprochable, como unas orejas de soplillo, un chupón en el cuello, gafas de culo de vaso, unos pies grandes, o una prima puta?
A la Mala le sirve todo. Lo que sea; hablará, juzgará y criticará: tu paraguas torcido, tu coche amarillo, e incluso tu chándal rojo, ceñido que te encanta y compraste baratísimo en las rebajas del Carrefour.
El novio de la Mala suele ser gordo pero ella no piensa lo mismo: Está en plena forma, es frondosito.
Ese novio bebe hasta la muerte, roba el cobre de los cables, y lo más triste, obliga a su abuela octogenaria a comprarle la droga con su pensión. De siempre se dedicó a las mujeres más zorras y más tiradas,  compartiendo con varias y casi a la vez, el amor que lleva dentro…  Un auténtico libidinoso.
Si  te has enamorado de una “Mala”, y decides comenzar a vivir con ella, lo primero que te hará saber es que le gustas, y que eres ese hombre que ha soñado desde niña.   Al principio  se hace querer… Tanto que a los pocos días te pedirá que te cortes el pelo, cambies de gel de baño, te compres una de esas sudaderas con capucha que aborreces; comas pez espada y bebas calimocho…
    A los pocos meses, cuando ya te ha convertido en la encarnación del despropósito;  una mañana, observas como te mira de manera extraña frunciendo su naricilla… Crees equivocadamente que te hablará de modificar tu desodorante, o tu maquinilla de afeitar… Hasta que de pronto escuchas saliendo de su boca:
-Ay, no sé… ya no eres como cuando te conocí… “HAS CAMBIAO”.
Y es entonces, cuando, en uno de sus arranques… Te abandona…
El siguiente fin de semana, después de haber cenado un buen chuletón, acompañado de una jarra de cerveza; te presentas en la discoteca de moda, con tu nueva chaqueta y muchas ganas de pasarlo bien. Y en ese terrible instante, la descubres deliciosamente bella, trajinando sobre la pista de baile,  acompañada de un pobre infeliz vestido con sudadera de capucha y bebiendo calimocho.

libroExtracto de LA DAMA INCOMPLETA.   

Autor Miguel A. Méndez González.

Foto: http://www.mi-web.org/