Mi abuela Rita

Mi bisabuela RitaMi bisabuela Rita nació en una tierra de sombras, secretos y perversidad. Había heredado una pequeña tienda de ultramarinos, que poco a poco fue transformando hasta convertirla en un próspero negocio.

En aquel lugar de sugerentes olores y encanto, aparecían juntos, los mas exquisitos productos y sus precios. La gente compraba eligiendo cada artículo, sabiendo lo que iba a gastar. Se encontraba situada de tal manera, que una vez dentro no se podía salir hasta llegar al final. Su buen saber hacer, se adelantó a los supermercados en casi cien años. Era el establecimiento que más clientes atraía y por supuesto el más limpio y frecuentado.
En la parte de arriba, cada noche daba dormida a huéspedes y peregrinos. Todos la querían porque, si bien aquel era su negocio, siempre se mostraba generosa y compasiva.
-No olvides ejecutar la señal de la cruz al bostezar- decía cada noche… Ese mismo gesto impedirá que el propio diablo se meta dentro para hacerse con nuestra voluntad.
Conocía recetas y remedios para males y enfermedades, tanto del alma, como del cuerpo, o los amores. Aquellos saberes milenarios los había heredado a la vez que su tienda, junto a un ancestral libro de gastada piel, que, en las cálidas tardes de verano leía bajo un sauce.
Aquel voluminoso tratado había pasado de madres a hijas durante generaciones; reflejando las marcas secretas y mágicas que sus páginas guardaban, construidas a lo largo de siglos, y por supuesto, veladas a ojos poco acostumbrados a interpretarlas.
-Señora Rita ¿No cree que esa chica pueda gustarme?
-No lo creo, ciertamente.
-¿Por qué, si no la conoce?
-Porque a ti, si te conozco…
La perspicaz abuela Rita poseía la mirada del dueño, del guardián del alma… y tal vez, el saber depositario de la perversidad.
Con ella desapareció la tienda, sus saberes y el mágico tratado de conocimientos humanos y tal vez divinos. Todavía hoy, años después de su muerte, en la vieja aldea donde vivió, alguien en la oscuridad de la noche, al bostezar, hace la señal de la cruz para que el diablo no se apodere de su alma, como siempre contaba mi nunca olvidada, abuela Rita.

Mi abuela RitaMiguel A. Méndez González

Autor de “El aliento de cristal”

Foto: www.fondospaisajes.net

4 comentarios sobre “Mi abuela Rita

  • el 11 de octubre, 2014 a las 11:13
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    Maravillosa abuela Rita, igual que mi abuela Candelas que nos decía su “oración” para quitarnos el mal de ojo. Una abuela fuerte cuya energía unió a su familia y les ayudó a salir adelante. Maravillosas mujeres. Gracias por recordar a esas abuelas en tu escrito. Saludos. Alex

  • el 12 de octubre, 2014 a las 22:14
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    Me ha gustado mucho leer “Mi abuela Rita” siga escribiendo porque tiene madera para llegar a ser un gran escritor reconocido.
    Atentamente
    Guadalupe Aguilera.

  • el 13 de octubre, 2014 a las 14:39
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    Preciosa historia la de la abuela Rita. Era aquella generación de “mujeres sabias” que lo mismo sabían atender al parto de una vecina, cuidar a un enfermo, sacar adelante a la familia o matar una gallina o trocear una merluza.
    Las mujeres de hoy aunque hayamos estudiado más y seamos capaces de manejar un ordenador o conducir un coche por ejemplo, no tenemos aquella sabiduría que ellas aprendieron de sus madres y abuelas.
    Gloria.

  • el 14 de octubre, 2014 a las 22:01
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    Gracias por hacer que vengan las abuelas a nuestra memoria.
    Las abuelas de ahora también son sabias y quieren transmitir muchas cosas pero los nietos son de otra madera, no como los de antes, porque con tanta tecnología creen que lo saben todo. Ya se sabe, como en todo, “los tiempos cambian”, se dice.
    Un abrazo
    Mary Ángeles

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