“La abuela yaya”

abuela yayaNo penséis en ella como la abuela que cuida a lo hijos de sus hijos cuando sus propios hijos están trabajando. No.  Esa no es la Abuela de la que quiero hablaros.
-No me llaméis abuela delante de mis amigas. Soy la yaya.
-Vale abuela.
-Me saco algún dinerito cuidando niños… –Les comenta más tarde a sus amigas del bingo-
Abuela yaya ¿Cuándo vamos al parque?
Nuestra Abuela pertenece a otra generación… Cuando  mi cuerpo apareció en este mundo, ellas ya eran mayores… pero todavía hoy conservan ese aroma de juventud, frescura y lozanía, vistiéndose como Ana Obregón.


Cada fin de semana, la Abuela Yaya acude a uno de esos locales de baile para ancianitos en celo, donde retuerce su cuerpo como si jamás hubiera abandonado la adolescencia. A menudo nuestra Abuela Yaya persigue jovencillos,  con los que se organiza bien para conseguir ligar: Abre la cartera.
Durante cinco semanas seguidas, la abuela y su joven acompañante, vivieron un intenso romance veraniego… Gafas de sol caras, camisas y perfumes de marcas buenas… La pensión de la anciana sufrió fuertes sacudidas hasta que la tarjeta de crédito fue escupida por una terminal del Corte Inglés, cuando ya no quedaba efectivo.
Al enterarse su hijo, un camionero cuarentón de sólidos principios religiosos y una amante en Benavente, se lo dejó muy claro.
-No quiero ver a mi madre como se mete mano con todos los viejos, para después ser arrastrada por cualquier guarro a bailar los pajaritos.
-No todos son viejos.
¿Qué?
    Ya podéis imaginaros como concluyó la conversación…   De  manera despiadada nuestra Abuela Yaya, se vio obligada a finalizar su relación con ese jovencito culto y agradable que había conocido en la discoteca “Tangos y Boleros” y que tan enamorado estaba de ella.
¿Que hiciste cuando te dejó la abuela con la que salías?
Me pasé una semana metido en cama… Es que ni me levantaba.
¿De la pena…?
¡¡¡No, con mi novia…!!!

unnamedTexto: Miguel Méndez González

Autor libro: El aliento de cristal

6 comentarios sobre ““La abuela yaya”

  • el 16 de julio, 2014 a las 10:59
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    Bonito y divertido relato. Pues sí, creo que todas las abuelas Yayas deberían gozar, de las cosas que más les gustan. Se trata de vivir hasta el final. Como diría un personaje de unos dibujos que me gustan: “vivir hasta el final y más allá si lo hubiere”. Gracias por el relato con sonrisa y un saludo en la etapa de mi “interesante” madurez, ja, ja. Alex

    • el 30 de julio, 2014 a las 8:42
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      Gracias a tí, Alex, por tu afecto siempre, al responder con generosidad
      a mis escritos.
      Gracias de nuevo, y feliz verano.

  • el 17 de julio, 2014 a las 10:30
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    Me encanta el relato, pero estoy tratando de adivinar en que usuaria del C S se inspira y no consigo imaginarlo… pero alguna habrá.
    Espero tu próximo relato.

    • el 18 de julio, 2014 a las 20:04
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      En relación con el relato de la “abuela yaya”, -que por cierto, tiene su retranca- yo no creo que deba ser necesariamente una usuaria del Centro de Coia. Esto le puede pasar a cualquiera, que como dice Carmen Maya, todo el mundo tiene derecho a disfrutar de la vida. Otra cosa diferente es que la “desplume” un vividor que le ha sabido hacer la “rosca”.

    • el 30 de julio, 2014 a las 8:39
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      Hola Carmen. El relato es un extracto de mi nueva novela, sobre la que ahora trabajo “LA DAMA INCOMPLETA” Responde a un estereotipo, un personaje que todos conocemos; simplemente he intentado construir un relato en clave de humor sobre esas queridas abuelas Yayas.
      Un afectuoso saludo.

  • el 18 de julio, 2014 a las 17:07
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    Me gusta el relato, no creo que se inspire en nadie en concreto, en el Centro, la mayoría somos de la tercera edad, eso no quiere decir que por ser mayor no se tengan ganas de vivir, bailar, cantar, caminar, hacer amigos y por que no, si surge y se esta en situación, enamorarse…Tenemos tendencia a creer que después de cierta edad las personas ya no están en condiciones de poder sentir una ilusión como cuando se es joven, es un error, los años se llevan en la cabeza… el corazón siempre es joven y si la salud te lo permite y no tienes a quien darle cuentas ¿por que no? El amor es lo que mueve el mundo, lo que te da fuerzas para hacer las cosas que te parecen imposibles, el amor, como la fe, mueve montañas, así que por mayores que seamos, no hay que dejar de disfrutar el tiempo que nos quede. Bastante dura ha sido la juventud para la mayoría de nosot@s. feliz verano.

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