“La masacre de Cangas por turcos sin alma”

Piedra

Me llamo Guadalupe Aguilera.
Las piedras que encuentro en mi camino, que dibujo y grabo, nos cuentan la historia del mundo, mitos y leyendas.
Espero que os guste

Desde el monte del Castro se pueden ver unas vistas impresionantes de la ria de Vigo, pero lo que vieron el día 4 de diciembre de 1617 los vigilantes que estaban de ronda por el Castro fue la llegada de varios navíos  que buscaron amparo y fondearon cerca de las Islas Cíes.
Por la distancia que les separaba no podían saber de que tipo de barcos se trataban, pero la desconfianza les invadió y corrieron a comunicárselo a las autoridades.
Por su memoria colectiva recuerdan los estragos causados por los hombres del pirata Drake a su paso por Vigo: violaciones, saqueos, incendios, mutilaciones (a un vecino de Vigo lo mataron en Coia, le cortaron la cabeza y en su lugar pusieron la de un cerdo).Drake,  en 1589 solo estuvo tres días en Vigo, pero dejo un balance de más de 500 muertos y 200 heridos.

Cuando las autoridades militares se enteran de la presencia de estos navíos, deciden esperar y no alarmar a la población mientras no se sepa la intención que traen. Eran conscientes de que Vigo no tenía defensa ni armas suficientes para un ataque, además, las tres cuartas partes de la población había muerto; unos a manos de  piratas, otros por la hambruna y otros por las epidemias de  peste que azotaron Galicia. La epidemia más devastadora fue la de Vigo del año 1599.

El día 5 de diciembre la noticia de la presencia de esos barcos corrió por todo Vigo y dispusieron estado de alerta. En la madrugada del día 7 de diciembre, once navíos de un total de 18 comienzan a navegar a toda  vela hacia Vigo y es cuando se dan cuenta que se trata de piratas turcos y que una galeota lleva en su palo mayor el pabellón rojo. Cunde el pánico y las autoridades dan la alarma que se extiende por toda la ciudad. Las campanas de la Colegiata no paraban de tocar a rebato de alarma. Las mujeres aterrorizadas huían con sus hijos hacia los montes y las aldeas del contorno, mientras que todos los hombres disponibles incluidos los de las aldeas se preparaban para la lucha.
Sabían que los piratas cometían crímenes atroces, pero los más sanguinolentos eran los turcos, donde la peor parte la llevaban las mujeres, porque después de ser violadas eran sometidas a grandes torturas y a espeluznantes amputaciones. Otras eran vendidas en burdeles y harenes en África y a otras las dejaban para ”diversión de la tripulación”. Cuando se cansaban de ellas las tiraban en alta mar. Tampoco tenían compasión por las niñas que igualmente corrían la misma suerte que sus madres.
Ante este panorama no podían permitir el desembarco de los turcos. Todos los paisanos se unieron como una piña ya que era preferible morir luchando antes de ser capturados. Como las armas de fuego que tenían no eran suficientes, los vecinos cogieron de sus casas todo tipo de herramientas para poder defenderse de los invasores: cuchillos, machetes, palas, martillos, piedras y palos. Después se situaron a lo largo de la playa de Coia para evitar el posible desembarco de los turcos. Cuando las naves turcas rompen fuego contra Vigo y ven que no hay respuesta de artillería se confían y echan al agua nueve lanchas con gente armada, pero al acercarse a la playa de Coia todos los vecinos que estaban escondidos por los campos cercanos salen  de su escondite y abriendo fuego contra ellos los obligan a regresar a sus lanchas.
Los turcos enfadados lo intentan de nuevo, esta vez frente a la batería de La Laje, y allí van todos los vecinos para impedir el desembarco. Los turcos tampoco lo consiguen  y además tienen bajas en su tripulación.
El tercer intento de desembarco fue en el Arenal, donde los vigueses aún teniendo varias bajas no se amedrentaron y lucharon con gran valor metidos en el agua hasta la cintura durante más de cinco horas hasta que los turcos deciden abandonar y volver a sus barcos.
El Conde de Priegue dio muestras de ser un gran soldado peleando en todas partes y acudiendo siempre al lugar de más peligro, sin embargo el día 8 de diciembre pudo haber sido para Vigo un día de luto, porque los turcos en su afán por desembarcar atacaron sucesivamente Coia, La Laje, el Arenal, Guixar y La Guía.
Los vecinos acudían arracimados donde el peligro era mayor con un coraje y valentía que solo los dioses podrían superar. Muchos de ellos sin armas se enfrentaron a los turcos con uñas y dientes, con piedras y palos, con rabia, con desesperación, con un grito que les salía del alma y que ya no era humano y, cuando parecía que todo estaba perdido y que nada más podían hacer… el sargento mayor de guerra de Vigo D. Pedro de Guevara, ordena a los capitanes Fajardo y Pereira y al alférez Juan Arias que marchen con sus compañías a la orilla del mar a prestar apoyo a los vigueses. Cuando los turcos ven llegar los refuerzos con artillería huyen hacia sus barcos.
Al no poder desembarcar en Vigo fondean frente Domaio. A primera hora desembarcan en la playa sin apenas resistencia y matan a siete personas, roban, violan, e incendian la aldea cogiendo prisioneros a todos los vecinos. Contentos por el fácil éxito deciden volver a intentarlo otra vez en Vigo, esta vez en  la playa de Samil, pero cuando ven la artillería se retiran y se dirigen hacia Cangas.
Por aquel entonces la villa de Cangas tenía mucho prestigio, su población había crecido y era muy prospera, pero estaba desguarnecida, no tenía ningún tipo de defensa para protegerse del invasor.
En el amanecer del día 9 de diciembre, los turcos bombardean Cangas y después de reducir a escombros las modestas casas de los pescadores cercanas a las playas, desembarcan en once lanchas un total de mil hombres armados con mosquetes y alfanjes. Matan a cien personas, saquean la villa de Cangas, y recorren la península de O Morrazo destruyendo todas las aldeas, también queman la iglesia Colegiata de Cangas, el hospital de pobres, y todas las casas de la villa quedan reducidas a escombros.

Las mujeres llevaron la peor parte; fueron violadas, torturadas y sufrieron horribles mutilaciones como el caso de Constanza de Lemos, que la mataron con cinco heridas, una en la cabeza, dos entre ambos pechos y las otras dos quitándole las tetas del pecho. A Catalina Núñez, que era viuda, la mataron a cuchilladas con las cuales le cortaron una pierna, un brazo etc., a otras les arrancaron los ojos y la lengua.
Los hombres también sufrieron mutilaciones. A Domingos Fernández, el mozo, le mataron cortándole las piernas y riéndose de él mientras se desangraba.
El listado de personas asesinadas por los turcos y la relación de nombres de las personas que llevaron cautivas se pueden encontrar en el museo de Pontevedra y en el archivo provincial de Pontevedra, donde han quedado registrados y minuciosamente documentados con todo detalle.

De los cuatrocientos habitantes que Cangas tenía, casi cien fueron asesinados, y se llevaron cautivas a más de 200 personas (entre los que se encontraban niños) es fácil deducir que los que sobrevivieron no llegaban a cien.

Antes de abandonar la península de O Morrazo, los turcos le prenden fuego por los cuatro costados y queman todos los animales que puedan servir de alimento. Los cangueses que pudieron huir de los turcos escondiéndose por el monte y sobrevivir al fuego, ven con horror que Cangas es un campo humeante lleno de cenizas sembrado de muertos.
Poco tiempo después, algunos de estos supervivientes no pudiendo superar el dolor se volvieron locos, otros murieron por no tener alimento que llevar a la boca, ropa con que cubrir su cuerpo y un techo donde poder cobijarse de los fuertes temporales que en ese mes de diciembre azotaron Galicia.

“Nunca os vamos a olvidar” porque siempre habrá alguien que cuente vuestra historia. La vida no muere nunca, no nos la pueden quitar ni robar, porque la vida es una antorcha, que va de mano en mano, de hombre a hombre, de semilla en semilla y es una transferencia que no tiene regreso, es un infinito viaje hacia el futuro y al conocimiento.

GuadalupeAutora de texto y foto:

Guadalupe Aguilera

Bibliografía y textos extraídos de: “Historias de las Rías” (editada por Faro de Vigo) y Espinosa Feijoo Carlos “Vigo apuntes históricos”

6 comentarios sobre ““La masacre de Cangas por turcos sin alma”

  • el 5 de octubre, 2013 a las 16:22
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    Tremenda historia, y si ya decían que: “Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”. Enhorabuena de nuevo!

  • el 7 de octubre, 2013 a las 22:48
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    Guadalupe. No conocía esta historia. Si que sabía de otras invasiones o intentos de invasiones que sufrimos en la Ria de Vigo y en general en las costas gallegas.

    Me pareció horrible. Y es verdad. Esta parte de nuestra historia no la debemos olvidar. Es bueno que alguien como tú nos la cuente, para que la sepamos o para que no la olvidemos.

    Un Saludo. Gloria.

  • el 8 de octubre, 2013 a las 21:08
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    Estoy de acuerdo contigo Gloria, no podemos dejar que estos sucesos que formaron parte de nuestra historia queden en el olvido.Enhorabuena Guadalupe por narrarnos esta invasión de forma tan detallada.A ver si algún director de cine se anima y hace una película de esta historia porque estoy segura que tendría aforo completo asegurado.
    Un saludo,

    Diana

  • el 9 de octubre, 2013 a las 16:17
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    Un buen relato de nuestra historia, como se forjo nuestra ciudad, siempre hubo adversidades a lo largo de la vida que fuimos superando crueles en antaño y dificiles en nuestro tiempo pero con teson y buena voluntad saldremos adelante un ejemplo lo tenemos en ti un beso.

  • el 30 de octubre, 2013 a las 17:33
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    No conocia sus historias, pero una amiga me hablo de ellas, son muy interesantes y de la masacre de Cangas ya no me voy a olvidar porque me impacto.

  • el 31 de octubre, 2013 a las 20:56
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    Una historia formidable.

Comentarios cerrados.