Algunas leyendas e historias de los Celtas.

Estas famosas tribus de origen Indoeuropeo alcanzaron su máximo desarrollo y esplendor en Irlanda. Será  la última morada… Ya saben que en la tradición Celta, las historias y todos sus saberes los transmitan via oral. Si conocemos algo de ellos es gracias a los monjes cristianos que sí escribieron, en los manuscritos, las costumbres de estas tribus con las que llegarían a mezclarse en los primeros tiempos.

Dieron lugar a una religión cristiana mixta (con rituales y costumbres celtas más cristianas). De aquí que las cruces que vean en Irlanda, además del símbolo cristiano de la cruz, también vemos que sobre esa cruz, en los brazos, aparece un anillo que la rodea. Era un símbolo celta que venía a decir que en el final está el principio, como en el círculo.
Héroes y no soldados.

Esta era la gran diferencia en el campo de batalla. Los celtas consideraba la batalla como un lugar perfecto para morir y llegar a una nueva vida. Por eso no tenían miedo a la muerte . No eran soldados sino héroes, valientes y sin miedo. En la batalla se transformaban. Bailaban, emitían gritos, danzas y todo tipo de rituales que llegaban a producir un mayor miedo al enemigo. En este caso el enemigo eran los romanos, quienes creian que estas gentes bárbaras tomaban algún tipo de bebedizo mágico antes de entrar en batalla.
Pero cuando más “canguis” provocaban en las metódicas y ordenadísimas legiones romanas, era cuando en la batalla entraban a combatir con la élite de los guerreros celtas, una especie de mercenarios que, además de la valentía, lucian un cuerpo perfecto. Iban desnudos a la lucha, ataviados solo con el torque, collar protector de sus dioses. Y antes de entrar a luchar entonaban todo tipo de cánticos, danzas y alaridos, además de expresiones de máximo goce (les recuerdo nuevamente que iban desnudos). Y aquí los pobres romanos palidecían.
Los cuatro tesoros de la tierra.

Una de las tribus más numerosas que se asienta en Irlanda, cuenta la leyenda que se trajeron los cuatro tesoros de la tierra. Dichos tesoros eran: La Piedra del Destino, sobre la cual coronaban al rey. Y si no era legítimo la piedra gritaba. Como sabrán, esta piedra es la que se utiliza en Londres cada vez que se corona un nuevo rey, pero se la tienen que devolver a los escoceses que son los actuales propietarios y guardianes de ella. Los científicos opinan que se trata de una piedra, probablemente un meteorito, que cayó del espacio hace millones de años.
El segundo tesoro de la tierra que trajeron los celtas a Irlanda, según la leyenda, fue la Lanza del dios Lug. Una lanza que tenia la facultad de hacer vencedor en todas las batallas a quien fuera su dueño.

El tercer tesoro fue la Espada de Durna,  que lograba que cuando era desenvainada moría todo bicho viviente de los alrededores. Y el cuarto tesoro, que es el que más me gusta a mí por lo práctico y rentable que es, se trata del Caldero de Dagda, que tenia la facultad de hacer que nunca se acabase la comida.
Pero también habia una curiosa arpa, de Dagda, que sonaba sola y la música era maravillosa. De ahí que en el símbolo de Irlanda, haya un arpa.

 

Leyenda del Arco Iris y los seres diminutos.
Es una leyenda que me fascinó por lo bonita que resulta y, sobre todo, por mis lecturas de Guillevert en el pais de Liliput.

Según cuentan, cuando sale el Arco Iris, también aparece un invisible puente que une el mundo subterráneo de los seres diminutos, (hadas, duendes, etc), con nuestro mundo, el terrenal. Y muchos de estos seres diminutos cruzan el puente para venir a nuestro mundo y zascandilear un poco por aquí. Por eso, mentes fantasiosas cuentan que han visto hadas o duendes. Pero cuando estos peculiares seres, que por cierto viven felices y muy bien en su mundo subterráneo, se cansan de estar con nosotros, vuelven, a través del puente  del arco iris, a su tierra, en el subsuelo. Pero, ¿qué pasa cuando un mortal se va con ellos?. No pasa nada mientras el mortal no quiera volver otra vez a la tierra, porque si vuelve quedará convertido en cenizas. No porque los seres diminutos sean tan malvados que los pulvericen, sino que el tiempo sí corre en nuestro mundo y no en el subsuelo de los seres diminutos.

 En fin, toda una preciosa leyenda que me gustó muchísimo. Ya saben, si ven un hada, duende o cualquier otra especie diminuta, piensen bien si quieren acompañarla a su mundo en el subsuelo. Por cierto, y siempre, según esta leyenda, en ese mundo de abajo no corre el tiempo y todo es felicidad.

A. Garrido