Reportándome por Semana Santa

jesusnazar1.jpgEn el taller de Debates de esta semana acordamos hablar sobre lo que hicimos, vivimos, opinamos, etc., cada uno de nosotros de la Semana Santa. Los reunidos fuimos contando las experiencias sobre la misma, otros sus viajes, otros lo que representaba para ellos, etc. etc. y al llegar mi turno les cuento que mi Semana Santa me la pase encerrado en mi casa, no por gusto, sino por no tener mas remedio que guardar reposo a causa de una caída que me produjo un fuerte traumatismo en la espalda.  Como se pueden imaginar, mis compañeros de Debates pusieron caras de circunstancias y hubo algunos comentarios, unos diciéndome que me hiciese bueno, otros si era un mensaje y otra persona me dijo,
-quizás te vino bien este retiro para que recapacitases sobre el significado de la Semana Santa-    ¡vaya recadito!
De regreso a casa iba cavilando sobre mi retiro involuntario y el e-mail que me enviara un amigo días pasados y que tanto me impresionó y me dije, ¡tendrá esto alguna significación especial!
Dicho correo contaba la historia de un obrero que hacía varios días que iba a la iglesia a mediodía a rezar…
El sacerdote de la iglesia, un poco temeroso, empezó a sospechar que se trataba de un ladrón. Un día le preguntó “¿Qué hace aquí?”   El hombre le dijo que trabajaba cerca y tenía media hora libre para el almuerzo y aprovechaba ese momento para orar;
-solo me quedo unos instantes, sabe, porque  la fábrica queda un poco lejos, así que me arrodillo y digo: “Señor, solo vine nuevamente para contarte cuan feliz me haces cuando me liberas de mis pecados… no sé muy bien orar, pero pienso en Ti todos los días… así que Jesús éste es Manolo reportándose.
jesus-nazar2.jpgEl sacerdote se sintió avergonzado y le dijo a Manolo que estaba bien y que era bienvenido a la Iglesia cuando quisiera.  Cuando se quedó solo, el sacerdote se arrodilló ante el altar y repitió la plegaria de Manolo y al final dijo… “así que, Jesús, soy yo reportándome”.
Cierto día el sacerdote notó que el viejo Manolo  no venía a la Iglesia, así que decidió ir a la fabrica a preguntar por él; allí le dijeron que estaba ingresado en el hospital.  El sacerdote fue a interesarse por él y la enfermera jefe le informó que no podía entender  porqué Manolo estaba tan feliz a pesar de su enfermedad, pues nunca había recibido ni flores, ni tarjetas, ni visitas, él sonreía todo el tiempo y su alegría era contagiosa.  El sacerdote se acercó al lecho de Manolo con la enfermera y ésta le dijo, mientras Manolo escuchaba -“ningún amigo ha venido a visitarlo, él no tiene a dónde recurrir”-.  Sorprendido el viejo Manolo, dijo con una sonrisa: “La enfermera está equivocada… pero ella no puede saber que todos los días, desde que llegué aquí, a mediodía, un querido amigo mío viene, se sienta aquí en la cama, me coge las manos, se inclina sobre mi y me dice: “solo vine para decirte, Manolo, cuan feliz fui desde que encontré tu amistad y te libere de tus pecados. Siempre me gustó oír tus oraciones, pienso en ti cada día… Así que Manolo, éste es Jesús reportándose”.
Pues claro que tuvo una significación especial para mi, pues después de todo contribuyó a que yo divulgase entre mis amigos esta bonita historia y no contento con ello, escribo este artículo para darla a conocer a todos los lectores de la revista.

Un saludo y reportaros,
Carlos Cordero, reportándose