El Poder de la Palabra

victor-hugo.jpgEn los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz.

Cuando el amor es feliz lleva al alma a la dulzura y a la bondad.

Nada tan estúpido como vencer; la verdadera gloria está en convencer.

Las que conducen y arrastran al mundo no son las máquinas, sino las ideas.

El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.

La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano.

La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo.

El infierno está todo en esta palabra: soledad.

¿Qué es un envidioso? Un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta.

La melancolía es la felicidad de estar triste.

El maquillaje que más embellece es una sonrisa sincera.

Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él.

A nadie le faltan fuerzas; lo que a muchísimos les falta es voluntad.

Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha.

El sufrir merece respeto, el someterse es despreciable.

No existen países pequeños. La grandeza de un pueblo no se mide por el número de sus componentes, como no se mide por su estatura la grandeza de un hombre.

La fuerza más fuerte de todas es un corazón inocente.

No hay malas hierbas ni hombres malos; sólo hay malos cultivadores.

No olvidemos jamás que lo bueno no se alcanza nunca sino por medio de lo mejor.

Ser discutido, es ser percibido.

El deber tiene una gran similitud con la felicidad de los demás.

La tolerancia es la mejor religión.

El recuerdo es vecino del remordimiento.

Atreveos: el progreso solamente se logra así.

Víctor Hugo, poeta francés

Germán