Felices

felices.jpg¿Qué nos hace felices? Los niños lo tienen claro: jugar. Con el tiempo, y todavía en el ámbito de la infancia, lo único que varía es la sofisticación del juego, tendiendo progresivamente hacia la gama de los juegos electrónicos.

Ya a las puertas de la adolescencia, empezamos a notar vacilaciones. La felicidad deja de ser una experiencia ligada espontáneamente al juego, y empiezan a aparecer intermediarios que la hacen un poco más compleja. Los amigos a veces fallan, los padres ponen obstáculos, los amores no siempre corresponden… Entre nosotros y la felicidad empiezan a aparecer cada vez más obstáculos que no siempre llegamos a sortear con éxito.
La felicidad se pone cara. Los adolescentes la encuentran ya difícilmente por menos de 100 Euros. Es lo que cuesta una camiseta de marca, los cursillos de guitarra eléctrica, las “rastas” y los “piercings” que necesitamos para sentirnos diferentes y únicos, etc.
Esta radical reducción de las expectativas se consolida en las edades adultas, aunque se hace más consciente de sus límites. Mientras el adolescente todavía cree que encontrará la felicidad si compra aquello que se la promete, el adulto sabe que no puede esperar más que una agradable sensación, pasajera y efímera, el modesto sustituto de una felicidad que ahora ya sabe quimérica.
Para que engañarnos, poco más o menos, esto es lo que pasa con todos aquellos proyectos que proponen la felicidad a costa de tener y no de ser, de recibir y no de dar, de recoger y no de repartir. Todos acaban igual: la misma infelicidad congénita, la misma sensación de haber sido engañado, las mismas ganas de pedir el libro de reclamaciones, poner un pleito o devolver el carné… y la misma nostalgia enfermiza de aquel tiempo en el que jugar y reír en la charca con los amigos era posible.

Germán

Un comentario sobre “Felices

  • el 1 de septiembre, 2007 a las 15:07
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    Para los que no conozcáis a Germán os voy a hablar un poco de él:
    Es un hombre fuerte, alto, entrado en canas con una perilla cuidadosamente arreglada que enmarca su amplia sonrisa, con ojos vivaces y andar despreocupados. Discreto, celoso de su intimidad, comprometido, sin que sea necesario que lo diga sabemos que podemos contar con él.
    Gracias a la revista y sus artículos le conocemos un poco más, sus colaboraciones son unas de las que espero con interés, son sencillas reflexiones sobre algo que nos interesa a todos: La vida.
    La de hoy comparto con él: “…..proyectos que proponen la felicidad a costa de tener y no de ser, de recibir y no de dar, de recoger y no de repartir. Todos acaban igual: la misma infelicidad…”
    No sé como hacerlo pero yo pondía en negrilla

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