El Anacoreta y la virtud primera

Se acercó el discípulo al Anacoreta y le preguntó:

palmeras1.jpg ¿Por qué los autores espirituales clásicos dicen que la humildad es la primera de todas las virtudes?
Notó el anciano, un deje de tristeza y de desilusión en la voz del joven. Pasó su brazo sobre el hombre del discípulo y lo acompañó hasta la sombra de la palmera. Luego, con dulzura, le dijo:
Ya sé que la humildad hoy, no tiene muy buena prensa. Pero es que llamamos humildad a lo que no lo es.
Tomó el Anacoreta unas hojas de palmera y comenzó a trenzar un cesto mientras decía:
Humildad no es estar todo el día diciendo que no vales nada, que eres un desastre, que eres un gusano… Eso, con toda seguridad, sería mentir, no ser humilde. Porque estarías diciendo algo que tú no crees realmente. Ser humilde es aceptarnos tal como somos. Ser humilde es conocerse a sí mismo.
rio-con-cascada1.jpgEl filósofo griego acertó al poner en la puerta de su escuela: “Conócete a ti mismo”.
Cuando los maestros espirituales dicen que la primera de las virtudes es la humildad, no dicen que sea la más importante. Dicen que es la que está en la base. Sin conocerse y aceptarse a sí mismo no se puede progresar. Todos tenemos cualidades y defectos.
Ser humilde es reconocerlos. Entonces podemos corregir los fallos y avanzar en lo bueno.
Ambos guardaron silencio.
Luego, sonriendo, añadió el Anacoreta:
Claro, que la mayoría pasamos nuestra vida en adquirir la humildad.
¡Es tan difícil conocerse uno mismo…!
Y siguió trenzando su cesto.
La humildad no es sólo uno de los requisitos esenciales en la búsqueda de Dios, nos permite además ser conscientes de nuestra ignorancia y de nuestra impotencia, por lo que es, sobre todo, una señal de sabiduría.
El hombre sabio, aunque realmente tiene algo que ofrecer, es siempre humilde.
El que no es humilde y pretende enseñar algo, algo quiere obtener a cambio, y lo más frecuente es que desee admiración o veneración.
naranjo1.jpgPaseaban por un camino rodeado de olorosos árboles frutales, cuando el maestro se agachó y cogió un fruto recién caído al suelo. Pronunció entonces éstas palabras:
Cuando una rama está cargada de frutos, su peso, hace que se incline hacia el suelo.
Cuando nada tiene que ofrecernos, permanece tiesa y altiva.

No tenemos que ir jorobados por la vida
simplemente quitarle a la palabra humildad
toda la falsedad que le han puesto encima.

merton_.jpg¿Qué ganamos con navegar hasta la Luna si no somos capaces de cruzar el abismo que nos separa de nosotros mismos?

Thomas Merton ¦

G.S