CUENTO DEL CAMINANTE O EL SENTIDO DEL TIEMPO QUE CUENTA Y QUE NO CUENTA

sendero1.jpgUn caminante recorría un día caminos nuevos, en el horizonte se dibujaba la espadaña de una iglesia y los tejados de un pueblo.

Al pasar por un campo verde de cuidada hierba, le sorprendió ver docenas de cruces, se acercó y leyó las inscripciones de cada una de ellas: Mauricio, 4 años y cuatro meses; María, 6 años y tres meses; campo.jpgManuel, 5 años y 2 meses… su corazón hasta ese momento, tranquilo, comenzó a palpitar cada vez con más fuerza mientras el vello de sus brazos se erizaba. “¡Todos eran niños!”, pensó.
En aquel instante, pasaba un lugareño por la senda, el caminante se dirigió hacia él y con la voz temblorosa le preguntó:
– ¿Qué mal acecha a este pueblo que se mueren todos los niños?.
– ¿Los niños?, pregunto el aldeano.
– Sí, he leído las inscripciones y todas las lápidas son de niños.
lapiz_libreta.jpg– No buen hombre, le explico: en este pueblo, cuando nacemos, nos regalan un libretita y un lapicero, ya de mayores, cuando tenemos uso de razón, cada noche, al acostarnos, anotamos en la libretita, el tiempo que, durante ese día hemos sido y hemos hecho felices a alguien. Al morir, un familiar nos recoge esa libreta, suma el tiempo y manda esculpir en nuestra lápida SOLAMENTE, el tiempo que hemos sido felices en nuestra vida, porque ese, es el ÚNICO tiempo que realmente VIVIMOS.
FIN

G.S